
"Detrás del concepto: El equilibrio del tiempo del caracol"
Cuando comencé a diseñar mis relojes de escritorio Equi, me interesó partir de la observación de los caracoles. Esa observación me llevó a pensar en una metáfora sobre el tiempo y su equilibrio.
Si lo pensamos, los caracoles son lentos y cargan con un gran caparazón sobre sus cuerpos. Parecen estar llegando tarde a todos lados, pero en realidad su tiempo está en perfecto equilibrio. No tienen prisa ni retraso: simplemente avanzan a su propio ritmo.
Quizás el caracol nos recuerde que el equilibrio del tiempo no depende de la velocidad, sino de encontrar nuestro propio ritmo.
Como ocurre habitualmente en mi práctica del diseño, no me interesaba reproducir un caracol de manera literal, sino conservar aquellas cualidades que lo hacen reconocible. Al observar su anatomía encontramos un cuerpo blando y un exoesqueleto en forma de caparazón espiralado, cuyas líneas estructurales definen gran parte de su identidad visual.
En este proyecto decidí simplificar esas características a través de la geometría. El caparazón espiralado se transformó en un círculo con un círculo concéntrico en bajo relieve, en lugar de traducir la espiral de manera directa. Del mismo modo, la forma del cuerpo fue reducida a una síntesis geométrica.
Realizado en concreto pigmentado, un material duro generalmente asociado a la construcción, el reloj introduce una transformación adicional. La parte blanda del caracol desaparece y todo el conjunto adquiere la misma condición material: una pieza sólida y rígida, desde el cuerpo hasta el caparazón.
Por otro lado, el reloj puede apoyarse en dos posiciones diferentes. Al empujarlo, no cae: su cuerpo vuelve a encontrar naturalmente un punto de equilibrio. De alguna manera, esta característica retoma la idea que inspiró el proyecto desde el comienzo. Así como el caracol parece desplazarse lentamente pero mantiene un equilibrio perfecto entre su cuerpo y su caparazón, el reloj conserva esa misma condición en su comportamiento físico.
Me interesaba que esta idea de equilibrio no estuviera presente solamente en el concepto, sino también en la forma en que el objeto se comporta.
Siempre me interesó observar aquello que la naturaleza nos enseña para luego traducirlo al diseño de los objetos cotidianos. No se trata de copiar sus formas, sino de comprender sus principios y reinterpretarlos a través de nuevos materiales, geometrías y funciones.
