
Detrás del concepto: Del océano al objeto

Luego de realizar mi primera colección de anillos inspirada en las mariposas, sentí la necesidad de seguir explorando nuevas morfologías.
Me interesaba observar cómo otros organismos y estructuras naturales podían convertirse en objetos a través de la abstracción.
Esta vez mi atención se dirigió hacia el océano.
Siempre me fascinó la diversidad de formas que existen bajo el agua: superficies suaves, volúmenes fluidos y estructuras aparentemente simples que esconden una gran complejidad geométrica.
Comencé observando mantarrayas.
Una de las primeras piezas que surgió de esa
exploración fue esta.
Aunque la referencia inicial fue una mantarraya negra, mi intención no era reproducir su forma literalmente.
Me interesaba la amplitud de sus alas, cuya silueta parecía casi triangular, y la manera en que el cuerpo central organiza toda la estructura.
A partir de una pieza inicial de mayor volumen fui retirando material progresivamente hasta llegar a una forma más sintética.
El vacío central apareció durante ese proceso como una manera de sugerir la estructura del cuerpo de la mantarraya sin representarla explícitamente.
La pieza terminó por convirtirse en una abstracción más que en una representación.
La silueta fue simplificándose hasta conservar únicamente algunas relaciones formales: la simetría, la fluidez de las curvas, la morfología casi triangular y la presencia de un núcleo central que articula el conjunto.
Más adelante apareció una segunda interpretación.

Esta vez la observación estuvo centrada en una mantarraya bebé.
A diferencia de la pieza anterior, esta exploración no buscó enfatizar una estructura central. La geometría se volvió más suave y compacta, priorizando la sensación de volumen por sobre la definición de partes anatómicas.
Me llamó la atención que, en sus primeras etapas de desarrollo, su cuerpo parece mucho menos definido. Las formas son más suaves y menos estructuradas.
Por esa razón decidí abandonar el vacío central que había utilizado en la pieza anterior y trabajar con una silueta más continua y orgánica.
Mientras desarrollaba estas piezas empecé a hacerme una pregunta que terminó siendo más importante que la referencia inicial:
¿Qué ocurre cuando una forma natural se abstrae hasta el punto de convertirse en algo nuevo?
Esa búsqueda me llevó posteriormente a observar otras geometrías presentes en el océano, que más tarde darían origen a la serie Shell.
Algunas piezas surgieron a partir de geometrías más estructuradas y definidas.
Otras exploraron superficies que parecen erosionadas o transformadas por el paso del tiempo.
Aunque cada anillo tomó una dirección distinta, todos compartían una misma búsqueda: traducir formas naturales en geometrías contemporáneas.
El plástico reciclado volvió a ser el material elegido para esta serie, permitiéndome experimentar tanto con formas suaves como con texturas más irregulares.
Llegué a la conclusión de que, cuanto más observaba estos organismos y estructuras, menos me interesaba reproducirlos. Quería entender qué características hacían que siguieran siendo reconocibles incluso después de ser abstraídos.
La naturaleza siempre me ha enseñado que existe algo interesante para observar.
Y que, a través de la abstracción, esa observación puede transformarse en algo completamente nuevo.
Quizás esa sea una de las cosas que más me
atraen del diseño: descubrir cómo una forma puede alejarse de su origen y, aun
así, conservar una memoria silenciosa de aquello que la inspiró.
