"Detrás del concepto: una mariposa, un autorretrato, diseños y una serie de preguntas"

Mientras trabajaba en un autorretrato me encontré con una pregunta inesperada:

¿Cómo puede una fascinación por las mariposas convertirse en un objeto?

No quería representar una mariposa. No quería dibujar alas ni reproducir sus formas literalmente. Lo que me interesaba era otra cosa: la transformación, la simetría y la tensión entre fragilidad y fortaleza.

Cuando pienso en un autorretrato no pienso necesariamente en representar un rostro.

Pienso en representar ideas, contradicciones y formas de ver el mundo.

Por eso las piezas combinan geometría y curvas, simetría e irregularidad, superficies brillantes e imperfecciones visibles.

Desde siempre me fascinaron las mariposas. Me sorprendía su capacidad de transformarse por completo, pasando de una forma que muchas personas consideran poco atractiva a otra asociada con la belleza. También me llamaba la atención la fuerza que necesitan para emerger de la crisálida. Sus alas parecen delicadas, pero llegar a desplegarlas requiere un gran esfuerzo.

Había algo más que capturaba mi atención: cómo de una única oruga cilíndrica surgen un cuerpo y dos alas perfectamente simétricas. Una transformación tan radical parecía casi imposible.

Durante mucho tiempo observé mariposas y me pregunté cómo traducir esa lógica a un objeto sin reproducirla exactamente. No me interesaba diseñar una mariposa. Me interesaba construir una reminiscencia.

La pregunta dejó de ser cómo representar una mariposa y pasó a ser cómo representar las ideas que encontraba en ella.

Por eso las piezas que surgieron de esta investigación son abstracciones geométricas.

Cuando cuento que nacieron de la observación de mariposas, muchas personas esperan encontrar alas o formas orgánicas evidentes. Sin embargo, decidí optar por la geometría para contar la misma historia desde otro lugar.

En lugar de formas fluidas y suaves, opté por formas visualmente rígidas y geométricas. Sin embargo, al observar los anillos con detenimiento, aparecen curvas y transiciones más orgánicas que no suelen percibirse en una primera mirada.

Me interesaba trabajar con conceptos más que con apariencias.

Durante el proceso también exploré distintos materiales. Las primeras piezas fueron realizadas en plástico reciclado. Más adelante comencé a experimentar con otros materiales, entre ellos la biocerámica elaborada a partir de cáscaras de huevo.

Materiales muy diferentes entre sí, con texturas y comportamientos distintos, pero capaces de sostener una misma idea.

Con el tiempo apareció otra decisión que generó nuevas preguntas.

Muchas personas esperan que una pieza de diseño sea completamente perfecta. Sin embargo, decidí conservar pequeñas irregularidades, reflejos y marcas visibles.

¿Por qué?

Porque estas piezas nacieron como un autorretrato.

Y un autorretrato, al menos para mí, no consiste en mostrar una versión idealizada de uno mismo.

Consiste en mostrar aquello que nos define.

Quería que las piezas hablaran tanto de la búsqueda de equilibrio como de las imperfecciones que inevitablemente forman parte de cualquier proceso de transformación.

Durante el desarrollo del proyecto también surgió otra pregunta:

¿Qué significa ser diseñadora industrial?

Durante mucho tiempo asocié el diseño industrial con la producción, la función y los objetos destinados al mercado. Sin embargo, este proyecto me llevó a explorar otro territorio: el de las piezas de autor.

Entendí que el diseño industrial no necesariamente está limitado a productos comerciales ni a una estética ligada a la máquina. También puede ser una herramienta para investigar ideas, construir relatos y materializar preguntas personales.

Hay un detalle final que suele llamar la atención.

Muchas personas observan estas piezas y perciben una especie de mariposa con las alas cerradas.

Y tienen razón.

Cuando imaginamos una mariposa solemos pensar en una imagen muy específica: alas completamente abiertas, extendidas en perfecta simetría.

Pero esa imagen suele pertenecer a mariposas disecadas, inmovilizadas para ser observadas.

Mis piezas muestran otra instancia.

Una mariposa que todavía está viva.

Una mariposa que aún conserva movimiento.

Quizás por eso las alas nunca terminan de abrirse por completo.

La reminiscencia no se quedó únicamente en los anillos.

Con el tiempo, algunas de estas ideas también encontraron su lugar en otros proyectos, entre ellos mi primer objeto de fabricación en serie: el reloj de pared de madera "Oji".



Luciana Andrea Sessa Industrial Designer

Cada pieza cuenta una historia.

Estas nacieron de una fascinación por las mariposas, pero terminaron convirtiéndose en algo más: una reflexión sobre la transformación, la imperfección y la forma en que elegimos representarnos.

Esta es una de mis historias.

Pero no es la única.

Todavía quedan muchos otros diseños, ideas y preguntas por explorar.



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